Mi paso es fuerte, hasta el momento no me ha adelantado nadie. Más bien al contrario, voy adelantando gente al son del “Buen camino”. Pero encuentro la horma de mis botas, cuando escucho unos pasos que se acercan, unos pasos fuertes y sonoros que levantan el polvo a su paso. Me saluda, y sigo su ritmo y su conversación. La explicación de su paso endiablado es que tiene que llegar a tiempo para dejar la mochila en correos antes que cierren. En la mochila lleva kilos para doblar a un burro: que si latas de fabada, que si embutido, que si ropa para pasar un mes en Galicia. El habla y yo pregunto. Es un tipo altamente interesante y muy divertido. Además compartimos un pasado en Sant Adrià. Continuamos el camino, y compartimos en el desayuno, media empanadilla y un trozo de chorizo, como buenos peregrinos. Vamos adelantado gente, y hablando con todos los que se dejan. Somos la extraña pareja. Llegamos a Rabanal, mi meta oficial y nos paramos para trincarnos unas jarras de cerveza fría. Allí conozco a los otros compañeros de Alex: los madrileños Juanma, Tomas y Pepe. Decido entonces unirme al grupo de Alex, a partir de ahora “Mochilo”. Entre todos subimos la última cuesta a Foncebadón, Alex rabiando y enfurecido tira para adelante como llevado por el diablo porque ya no puede más. Llegamos con la lengua por el suelo y un buen samaritano nos moja el gaznate con la manguera con la que estaba limpiando el coche. Alcanzamos al monasterio, y las camas ya se han agotado, pero queda suelo en la capilla, y con la solemnidad que ello requiere, dormimos tirados debajo de la cruz, sobre unas colchonetas de gimnasio y juntos unos contra otros.
jueves, 30 de septiembre de 2010
Cap. III: Astorga - Foncebadón: El encuentro con la Compañía del Camino
La soledad del Camino se acabó. El Camino te busca acompañantes y quién esté abierto ahí los tiene. La gente es amigable y el entorno del Camino predispone a compartir con un extraño tus secretos más íntimos. Hay momentos mágicos en noches de luna llena, momentos de agua fresca junto a un manantial, puestas de sol, amaneceres, cielos estrellados… esos momentos, en contacto íntimo con la naturaleza, donde me despojo de la tensión, y mi muralla abre sus puertas para ofrecer mi corazón más humano en busca de un semejante, porque en esencia el otro soy yo. Y me alegro por encontrarme con otros y ver a través de otros. Valoro la riqueza de las personas que me aportan una visión del mundo desconocida. Sobretodo para mi, amante de nuevos universos, el Camino me ha dado la oportunidad de asomarme a la vida de otros, imposible de otra forma. Y eso consigue reconciliarme con el ser humano y amar el mundo. Intento dejarme sorprender, sin prejuzgar. Cuando más exótico y excéntrico, mas marginal y más borderline sea el personaje más original será su visión de la realidad. Cada uno de nosotros está obligado a estudiar el mundo en su propia visión, y mostrársela a los otros como un cuadro para abrir en ellos un nuevo mundo de posibilidades…
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"La Compañía del Camino" esa sí que es buena. Orcos no había por el camino pero sí mucho personaje, la verdad.
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